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martes, 22 de septiembre de 2026

San Lurén

Tal vez nunca sepa
Qué fue de ti cuando nos fuimos,
qué será de tus pasos cuando dimos el último paso.
Nos disipamos en algún momento de nuestra propia historia,
como cuando se difumina una tarde
sin saber cuándo se hizo sombra.

Aún está ahí el árbol donde te tomé una foto.
Aún está esa vereda donde me levantaste,
con algunos de tus sueños encima,
sueños que teníamos bien escondidos,
como si llevaras contigo
un peso que pronto olvidaríamos.

Tal vez nunca sabré
qué habría sido de nosotros si nos deteníamos ahí.
Y quizá esté bien así,
porque con lo que tuvimos
basta y sobra para mí.

Aún está la fría banca donde te dije que te quería.
Aún está la vieja avenida que conectaba nuestra lejanía.

Después vinieron los días,
nuevos caminos y cómodos silencios,
y cada uno fue aprendiendo
a desprenderse del otro.

Qué será de aquel gato que no recogimos,
qué sería de sus noches,
de sus saltos por los techos.

No dejamos ni siquiera un aroma.
Aquel árbol se ve distinto,
aquella banca fue removida,
aquella vereda, reparada.
Nuestra ciudad cambió de cara
sin siquiera pedirnos nada.

Quién diría que los sueños terminaron por cumplirse,
aunque no del modo en que alguna vez lo planeamos.
Tal vez nunca sepa
qué fue de mí después de ti,
qué será de aquellos pasos
que dejamos por ahí.

Tal vez nunca lo sepa,
tal vez ya no importe tanto,
porque con lo que tuvimos
basta y sobra… al menos para mí.



(Extraído del poemario Reminiscencias, 2026)

 

 

 

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