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miércoles, 12 de julio de 2006

Solo hasta el amanecer y sus auspicios


Desde nuestro encuentro caminamos,
aunque andabas ligera,
sin dejar vestigios;
bajo nuestra cama acechabas nuestro amor,
instándole a los presagios más tristes
que el tiempo me arrastrase otra vez a tu lado.

¿Cuántas veces,
cerrando los ojos,
pretendía obviarte en las alas de una supuesta percepción de amor
que poco a poco fuiste ciñendo?

¿Hasta dónde debo correr
para que tus manos no me alcancen
y así alucinar que algún día dejaré de recorrer tu pálido cuerpo?

En tus delgados y lánguidos dedos 
ahora reposan mis bellas reminiscencias, 
devaluándose pronto en imágenes descoloridas;
sobre tu níveo pecho,
cual polvo mágico,
retoza mi mente extraviando sus reliquias
mientras late tu corazón mudo,
disolviéndose así el mío,
con tu delgada silueta moviéndose despacio,
esperando que por fin caiga rendido;
me acuesto sin extrañar más la realidad y al sol
sin recordar ya mi nombre ni al amor.

Finalmente se ha extinguido esa llama de locura
que consumía los rincones de esta vida sensata y negra;
entre mis escombros has sembrado flores
que poco a poco vas regando con lágrimas que me has arrancado.

¿Quién es ahora el prisionero
mientras nos mantenemos en este exilio moderno?
¿Quién es el suicida
que le dona su alma a un desahuciado
mientras le lloras a mis vidas pasadas?

Hasta que llegamos al límite
en el que solos debíamos llegar,
mi fría piel siente tus besos congelarse
hasta quedar perennes
sobre una carcasa de hielo
que se formó restringiendo el alcance de mi corazón perturbado;
ahora, poco a poco,
lo vas tallando
hasta darle aquella forma original,
para, finalmente,
enredarme en tus largas y blancas piernas,
reclamándome como tuyo,
hundiéndonos por fin
entre el sol y la luna,
hasta lo más hondo
de mi camaleónico augurio.

Juntos por fin nos reímos en el taxi que nos regresa
a la misma cámara de sueños químicos;
susurrándome un par de nombres sin rostro,
acariciándome para limpiar los rastros de amores sin sentido,
me arrullas feliz tan solo por tenerme en tus dominios,
hermosa enamorada,
tu risa se transforma en espacio
logrando llenar esta alma 
de tu esencia casi sagrada.
(Extraído del poemario 4 inviernos y 3 veranos, 2006)