jueves, 18 de julio de 1996

Forastera

...una melodía mística en su guitarra,
mientras yo leía el más triste de mis versos,
tímido en el extremo de la vieja barra.

Parecía la más cuerda de los dementes.

En un idioma que solo los dolientes reconocen como nativo,
hablamos.

Ocultaba su belleza
frente a quien escondía su alma intoxicada.

Me permitió viajar en la tristeza de su mirada.

La recuerdo aquí.

Llevaba un sombrerito negro como sus ojos,
labios muy rojos
como la sangre de sus cuerdas,
un abrigo largo
prestado de las sombras de este bar escondido,
una falda muy corta
con la que dominaba el lugar.

Cuando nos despedimos aquella fría mañana,
se perdió en la bruma de mis recuerdos.

Aquí,
sentado en la misma barra,
los años me han dejado rezagado.

Aunque no recuerdo exactas las líneas de su rostro,
ni el delicado beso a medias
de nuestra despedida nunca deseada,
sí, la percibía:
esa soledad tan apacible
que bailaba entre las notas invisibles
de su melodía mística,
la mágica afinación de su guitarra,
la presión de sus largos y delicados dedos
en cada traste.

Algo como esto que suena...

Sí...

es ella.

(extraído del poemario “Pasos” 1996)
©Fran Terrones Julca



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