Sin duda fue todo un privilegio
el que tu voz acompañe las palabras que llegaron hasta mi
conciencia
el que pronunciaras mi nombre,
la sencilla acción de dirigir hasta mí tus ojos
y que me arroparas con tu mirada,
que acoraras a su mínima extensión la distancia entre tus labios
y los míos
y sellaras mis cicatrices con el filo de tus besos,
fue un privilegio
que permitieras que mi cuerpo registre el exacto peso del
tuyo,
que permitieras que mis palabras entraran en tu mente,
que permitieras que te mirara de aquella manera,
que permitieras que te explore hasta la mañana,
que permitieras que te robe ese reducido fragmento de tu
tiempo.
Fue todo un privilegio
caminar a tu lado contra el viento y sus presagios del final,
a pesar de que han caído en mi olvido la tonalidad precisa de
tu risa,
sin duda fue un verdadero privilegio
quemarme con la luz de tu alegría al verme
y fundirme con la tristeza de nuestra despedida
en este átomo temporal
fue un privilegio.
En «Privilegios», escrito en el intervalo de los años 2012 - 2014, el recuerdo se construye a partir de una serie de gestos que, vistos desde el presente, adquieren un valor extraordinario: escuchar una voz, oír el propio nombre en ella, recibir una mirada, acercarse a unos labios y compartir la intimidad de un cuerpo. El poema no necesita explicar quién fue esa persona ni cuánto duró el encuentro. Prefiere nombrar lo que dejó en la memoria.
La repetición de «fue un privilegio» reúne esas experiencias y les da un tono de gratitud. La atracción física está presente —en los labios, los cuerpos y el amanecer compartido—, pero no aparece desligada de la emoción. También fue un privilegio caminar juntos, percibir la alegría del otro y guardar una parte de su tiempo.
El recuerdo, sin embargo, no queda suspendido en la dicha. Desde el comienzo se anuncia el final: caminar «contra el viento y sus presagios». La distancia borra algunos detalles, como la tonalidad exacta de la risa, pero no elimina la impresión que dejaron. La memoria conserva la emoción incluso cuando comienza a perder precisión.
«En este átomo temporal» condensa esa paradoja. El encuentro pudo ser breve, apenas una fracción de tiempo, y aun así contener una experiencia que el hablante continúa valorando. El poema transforma esa brevedad en una forma de permanencia: lo vivido terminó, pero sigue siendo un privilegio recordarlo.