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01 diciembre 2013

A tu consideracion




Sosiega las lóbregas memorias que cargas como penitencia
si te apetece puedo sazonar el menú con exóticos besos que aprendí en ensueños contigo
deja que conduzca mi tacto por tu ondulante duna
si te parece puedo recitar los elogios extravagantes que descubrí en mi vacío camino
permite que te enseñe los bailes secretos que recordaras sin mi personaje
Te enseñare a elaborar nuestros perfumes
…tu piel
las melodías
tu voz
los matices
tus ojos…
tallaré en tu corazón con cariños mis palabras
tendremos otros nombres para las jornadas
y otras formas para las nubes en nuestras miradas.

Detén el cristalino manantial pues tus lágrimas me duelen hasta hoy
solicito tu sonrisa para distinguir  el ascenso a la colina o la caída hacia mi abismo
deja fluir el torrente de besos retenidos por un pasado yermo

forma nuevos sueños aunque sea yo tan solo un escribano.


© Fran Terrones Julca

22 noviembre 2013

Poste de alumbrado eléctrico

22 de noviembre de 2013 a la(s) 21:20

Ella…
Miraba por la ventana esperando el regreso de aquellas nubes rojas sobre el mar, como si el ocaso conservara entre sus señales la dirección de un tiempo que ya no vuelve.

Conjuraba las invisibles facciones de su rostro sobre el vidrio, dibujando con la yema de los dedos los contornos de una presencia que la humedad de la noche iba borrando lentamente.

Su sonrisa brillaba todavía con los últimos rayos del sol, una pequeña descarga de luz entre los edificios, mientras sus ojos, de aquel tono pardo que aún remojaba en su recuerdo, buscaban una figura perdida en el tránsito de las horas.

Olvidó el traje que lucía cuando la besó aquel día.

Olvidó el acuerdo para el próximo día.

Olvidó el dolor al otro día.

Y en la superficie empañada de la ventana, su dedo continuaba dibujando al ritmo de su llanto, siguiendo una música que nadie escuchaba, una secuencia de imágenes sin sonido, una película detenida en el instante anterior a la despedida.

Miraba por la ventana, alucinada, el perfecto encuentro de aquellos paseos que ya no solía dar, las veredas donde la ciudad parecía abrirles un espacio entre sus luces, los árboles inmóviles bajo el ruido de los motores, las tardes que cruzaban sin sospechar que algún día serían apenas una dirección borrada en el mapa.

Él…

A escondidas iba recogiendo todos los pasos que alguna vez lo llevaron hasta su lecho, reconstruyendo sobre las calles una ruta que la ciudad ya no reconocía, una sucesión de esquinas, portales y luces amarillas que persistían en su memoria como los restos de una transmisión nocturna.

No le conocían compañera ni las calles ni los gatos nocturnos que lo saludaban desde los muros, entre bolsas abiertas, motores apagados y ventanas donde otras vidas encendían sus pequeñas pantallas.

Observaba su recuerdo elevando la mirada hacia una ventana oscura, esperando que detrás del vidrio apareciera aquella silueta capaz de devolverle, aunque fuera por un instante, la antigua continuidad de los días.

Detenía su vida para sonreírle a aquellos actos interpretados sobre la vereda, a los gestos que alguna vez tuvieron público, a las palabras pronunciadas bajo los árboles, cuando todavía creía que el amor podía repetirse sin alterar el orden de las cosas.

Soñaba con recitarle versos mientras dormía, acercarse despacio a su respiración y devolverle a la noche la música que habían perdido, como si una canción conocida pudiera restablecer la corriente interrumpida de sus cuerpos.

Era milimétrica la distancia y, sin embargo, infinita en el silencio que los separaba; la veía pulcra, intacta en aquella región de su memoria donde el tiempo no alcanzaba a tocarla, donde ninguna despedida había terminado de pronunciarse.

A escondidas había esperado encontrar el refugio que todavía añoraba los detalles de su pecho, la tibieza de su presencia, el pequeño universo que alguna vez creyó habitar y que ahora recorría como un desconocido, bajo un cielo de cables que no permitían verla jugando con esas estrellas, mientras la ciudad seguía transmitiendo sus mensajes hacia todas partes en una red que la dominaría, menos hacia él.

(Modificado exclusivamente para esta publicación digital)

© Fran Terrones Julca

20 octubre 2013

Sangre

Del mismo costado tenemos la marca
del mismo lado del corazón hemos sangrado
con la misma pérdida a cuestas

de aquella sangre que se escurrió por el vidrio

las copas
lágrimas rojas
perdimos lo mismo que abrazamos
podría seguir oyéndote
podría seguir mirándote
y al mismo tiempo
perdiéndote…
Y aunque la noche nos cubra la herida,
tu ausencia respira junto a mí.
Brindo el silencio, 
...sobre un charco carmesí
(escrito solo para este blog)

©Fran Terrones Julca

19 junio 2013

La primera página del final

Mientras me veías partir desde el otro lado del gélido vidrio
goteaba roja viviente con una corriente
desde tus venas
tibia sobre el parket lustroso
el espeso líquido que fue devorando al tiempo
tus páginas ojeadas por el viento
tus sueños roídos por tus criaturas ocultas
mi voz bajo el cobijo de tu recuerdo
y nuestro último baile en las alas de lo eterno.

Nuestra ficción marchita en el jardín trasero de aquel palacio
elegantes en el salón colisionan nuestras miradas como los astros
para sonreír en una complicidad por lo inexistente
en una sensación de haber salido de lo incomprensible
de haber compartido lo indescriptible


“Hola, otra vez el cabello largo…”
“Bueno, quizá alguno de estos años me encuentres con cabello corto”

o quizá algún dia escribiré un rima que describa la primera vez
que explique el nacer de nuestro sentir
que narre el camino que debimos seguir
que revele el secreto que todos debieron permitir
que vierta el compromiso que debimos beber
que vista la prenda que debimos prohibir
o advierta sobre el final que tendríamos que vivir.


© Fran Terrones Julca

31 diciembre 2006

Mi extravagancia

I
…y tu mirada llega hasta él como alguna vez cayó en mi retina
sumidos en el romance que emanaba de nuestra temprana experiencia
y tus brazos llegan hasta él como alguna vez rodearon mi mundo
sonrío al instante que parpadeabas desde tu simular y mi puesto.

II
Aunque se han apresurado los días en pasar
inmutables se han impregnado mis sentires hacia ti
ahora que alumbra la mañana tu nuevo tiempo
libre como las aves con las que siempre quisiste jugar
corre tu sombra sobre el oscuro sendero
que más nunca de mi mano te podre guiar.

III
De una oscuridad especial me valgo para rodear lo lumínico de tu alegría
desde esa estación abandonada he perdido tu eco pronunciado mi nombre
en mi andar disimulado he ocultado el desasosiego al escuchar tu nombre
acompañado por el buen porvenir que aquel adiós le dio a cada uno de tus días.

IV
Si en un demente me convierte que de pronto sonría a mitad de la calle
o sea un reto cada inconsistente relación que se me cruce por la avenida
me encuentro más lúcido en mi cosmos purgándolo todo
noche tras noche
tal vez los niños no cambiamos
pero al menos atesoramos.



© Fran Terrones Julca

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