Como el nacimiento
lo único no sometido por el mundo;
mágica,
imparcial,
verdad que vemos horrorizados;
con lástima,
preferimos ignorarla,
ignorar el sol...
Sin embargo, esta pasea sonriente,
macabra figura invisible,
incomprendida.
¿No será acaso aquel solitario ente
la única y verdadera libertad para los hombres?
La muerte
llega gentil para recordar la fragilidad de la humanidad
frente a una vida con la que no se puede lidiar,
pintándonos con un solo color,
neutral;
nadie es de oro,
nadie de papel periódico;
su magia nos pone el finito a todo.
Precaución inútil
en un mundo desbordante
de creencias ególatras,
siempre desarrollándose
en campos industriales.
en este fugaz paso del tiempo
en el que funcionan nuestros estrechos sentidos;
su frialdad es alimentada
por nuestra incomprensión de su natural acción,
por nuestros cálidos sentimientos
que nublan nuestra visión.
No es justicia,
ni pago,
ni opción.
¿Quién se detuvo a verla conmigo?
Paseando ante nuestros ojos,
impotente,
nuestra ciencia confunde nuestras pobres mentes
en preguntas que cargaremos
y olvidaremos a nuestro turno.
Maravillosa prueba de nuestra existencia,
última frontera
de ingenuos pasos
por nuestras tontas tierras.

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